- Fecha
- 2026-04-16 13:00:00
- Autor
- Por Esto Es Azúcar
¿Por qué la alimentación no es blanco o negro?

En nutrición, es común escuchar que ciertos alimentos son “buenos” y otros “malos”. Aunque esta forma de pensar simplifica el mensaje, no refleja cómo funciona realmente la alimentación. La calidad de lo que comemos no depende de una elección puntual, sino del patrón completo: lo que se consume a lo largo del día, de la semana y de forma habitual.
Clasificar alimentos como “buenos” o “malos” es una simplificación
Pensar en términos absolutos puede llevar a conclusiones poco útiles, ya que un mismo alimento puede formar parte de una alimentación balanceada o no, dependiendo del contexto. Por ejemplo, no es lo mismo incluir un postre de vez en cuando después de una comida, que hacer de este tipo de opciones una parte frecuente del día.
De la misma manera, el mismo alimento puede tener un papel distinto según la situación en la que se consume. No es lo mismo comer algo rápido porque no hubo tiempo para otra opción, que elegir ese mismo alimento dentro de una comida planificada. Tampoco es igual lo que se consume en un momento social o especial que lo que forma parte de la rutina diaria. Esto muestra que la calidad de la alimentación no depende de un solo elemento, sino del contexto en el que aparece.
Cómo cambia la forma de tomar decisiones
Entender la alimentación como un continuo, y no como categorías de “bueno” o “malo”, también cambia la manera en que se interpretan las elecciones del día a día. Por ejemplo, en lugar de evaluar una comida de forma aislada, se vuelve más relevante considerar cómo encaja dentro del resto del día. Esto permite tomar decisiones con mayor flexibilidad, sin que una elección puntual determine la percepción de toda la alimentación. Además, este enfoque ayuda a evitar la necesidad de compensar o “corregir” constantemente lo que se come, y favorece una relación más estable y sostenible con la alimentación a lo largo del tiempo.
El balance no es perfección, es consistencia
Buscar hacerlo “perfecto” suele ser poco sostenible; en cambio, una alimentación balanceada se construye con decisiones que, en conjunto, mantienen variedad, proporción y regularidad. Esto implica que puede haber flexibilidad sin que eso signifique perder el balance, ya que la consistencia en el tiempo tiene más impacto que intentar que cada comida sea ideal.
Sobre el autor

Marcela Barillas es nutricionista clínica graduada de la Universidad Francisco Marroquín y tiene una Maestría en Educación Nutricional Comunitaria de la Universidad de Columbia en dónde ha aprendido a brindar a las personas las herramientas necesarias para que puedan crear un estilo de vida saludable, balanceado y sostenible.
Suscríbete a nuestro Newsletter mensual.
En Esto es Azúcar te brindamos información, consejos nutricionales,recetas y hábitos saludables sobre el consumo balanceado de azúcar.




