- Fecha
- 2026-08-20 10:00:00
- Autor
- Por Esto Es Azúcar
¿Qué le importa realmente a tu microbioma?

Cada vez que alguien tiene hinchazón, gases o una digestión pesada, el azúcar suele ser el primer sospechoso. La idea circula con facilidad: el azúcar "alimenta" a las bacterias malas del intestino, y basta con eliminarlo para sentirse mejor. Es una explicación simple, fácil de repetir y, sobre todo, fácil de vender. El problema es que no refleja bien lo que realmente ocurre dentro de tu tracto digestivo.
Lo que en realidad pasa con el azúcar que comes
Cuando comes algo con azúcar, la mayor parte no llega ni cerca del intestino grueso, que es donde vive la mayoría de tus bacterias intestinales. Durante la digestión, los azúcares se descomponen en glucosa, fructosa y galactosa, y estas moléculas se absorben en el intestino delgado, antes de llegar al colon (1). En una persona sana, esto significa que el azúcar no suele ser un combustible habitual para la microbiota intestinal.
La composición del microbioma está influida, sobre todo, por otros elementos de la dieta: la fibra y los almidones resistentes, que sí llegan intactos al colon, donde las bacterias los fermentan y producen ácidos grasos de cadena corta, compuestos con un papel relevante en la salud intestinal (2). Es esa fermentación, no el azúcar, la que sostiene buena parte de la actividad microbiana en tu intestino.
Entonces, ¿cuándo sí llega azúcar al intestino grueso?
Existen situaciones puntuales en las que sí ocurre, y vale la pena nombrarlas sin exagerarlas. La intolerancia a la lactosa y la malabsorción de fructosa son las más conocidas: cuando el intestino delgado no logra absorber bien estos azúcares, una parte pasa al colon, donde las bacterias los fermentan y generan gases que pueden producir hinchazón o molestias (3,4). Algo similar ocurre con los polioles (como el sorbitol o el xilitol), que solo se absorben parcialmente y, en cantidades altas, pueden tener un efecto laxante (3).
También hay personas con síndrome de intestino irritable que son sensibles a un grupo de carbohidratos fermentables conocidos como FODMAP, y para quienes una dieta baja en estos compuestos —siempre guiada por un profesional— puede ayudar a controlar los síntomas (6,7,8).
Lo importante es el contexto: estos efectos suelen aparecer con cantidades grandes consumidas de una sola vez, o en el marco de una condición digestiva específica, no como consecuencia del azúcar dentro de una alimentación habitual (5). No es lo mismo "el azúcar te cae mal" que "tu cuerpo tiene una condición particular frente a ciertos azúcares", y confundir ambas cosas lleva a eliminar alimentos sin necesidad.
Lo que sí construye un microbioma diverso
La evidencia más sólida no apunta al azúcar, sino a la variedad. En el American Gut Project, el estudio de microbioma más grande hecho hasta la fecha, el número de especies vegetales distintas que una persona consume —más que si es vegana u omnívora— resultó ser el mejor predictor de la diversidad de su microbioma (9). A eso se suma el uso de medicamentos, que en estudios poblacionales explica una porción incluso mayor de la variación del microbioma que la dieta misma (10).
Otro dato que vale la pena tener presente: el microbioma responde a la dieta con una rapidez sorprendente, en cuestión de días (11). Eso hace que sea muy difícil aislar el efecto de un solo alimento —como el azúcar— sobre un sistema que cambia constantemente por múltiples razones a la vez (12).
Si tienes síntomas digestivos persistentes, vale más consultarlo con un profesional de salud que resolverlo por prueba y error eliminando alimentos, porque esos síntomas pueden tener un origen que ninguna eliminación va a resolver por sí sola.
El hábito que sí importa
En lugar de preguntarte qué le quitas a tu plato, la pregunta más útil para tu intestino es qué le falta: más variedad vegetal, más fibra, más consistencia. Eliminar el azúcar rara vez es la respuesta; construir un patrón de alimentación diverso, casi siempre lo es.
La próxima vez que tu intestino proteste, la pregunta no es qué le quitaste — es qué le hace falta.
Referencias
- Robayo-Torres C, Quezada-Calvillo R, Nichols B.DisaccharideDigestion: Clinical and Molecular Aspects. Clin Gastroenterol Hepatol. 2006;4:276-287.
- Mukhopadhya I, Louis P. Gut microbiota-derived short-chain fatty acids and their role in human healthand disease. Nat RevMicrobiol. 2025;23(10):635-651.
- Fernández-Bañares F. Carbohydrate Maldigestion and Intolerance. Nutrients. 2022;14(9):1923.
- Di Rienzi SC, Britton RA. Adaptation of the Gut Microbiota to Modern Dietary Sugars and Sweeteners.AdvNutr. 2020;11(3):616-629.
- BenardoutM, et al. Fructose malabsorption: causes, diagnosis and treatment. Br J Nutr. 2022;127(4):481-489.
- Whelan K, et al. The low FODMAP diet in the management of irritable bowel syndrome: an evidence-based review of FODMAP restriction,reintroductionand personalisation in clinical practice. J Hum Nutr Diet. 2018;31:239-255.
- Cuffe MS, et al. Efficacy of dietary interventions in irritable bowel syndrome: a systematic review and network meta-analysis. Lancet Gastroenterol Hepatol. 2025;10(6):520-536.
- PouladiA, et al. Impacts of the Long-Term Low-FODMAP Diet in Patients With Irritable Bowel Syndrome: A Systematic Review and Meta-Analysis. J Hum Nutr Diet. 2025;38(4):e70105.
- McDonald D, et al. American Gut:anOpen Platform for Citizen Science Microbiome Research. mSystems. 2018;3(3):e00031-18.
- FalonyG, et al. Population-level analysis of gut microbiome variation. Science. 2016;352(6285):560-564.
- David LA, et al. Diet rapidly and reproducibly alters the humangut microbiome. Nature. 2014;505(7484):559-563.
- Leeming ER, et al. The complexities of the diet-microbiome relationship: advances and perspectives.GenomeMed. 2021;13(1):10.
Sobre el autor

Marcela Barillas es nutricionista clínica graduada de la Universidad Francisco Marroquín y tiene una Maestría en Educación Nutricional Comunitaria de la Universidad de Columbia en dónde ha aprendido a brindar a las personas las herramientas necesarias para que puedan crear un estilo de vida saludable, balanceado y sostenible.
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